Archivo mensual: junio 2011

Un paseo, una venta y un trabajo

No cabe duda de que el hombre no sólo vive de ilusiones, sino también del pan que engulle todo los días y de cierta actividad extradoméstica que no lo hunda en la odiosa rutina casera, más si no tienen otra cosa que hacer. Así que hay que hacer cosas y moverse.

Es bueno de vez en cuando tomar el aire, aún a riesgo de poner en graves aprietos a tu salud, al ser alérgico en esta época a cualquier ente vegetal que expande su sustancia seminal por el aire y que uno disfruta hasta extremos insospechados. Pero, como sarna con gusto no pica, uno de los paseos más originales que he dado últimamente fue tras la final de Champions en Íllora. El domingo por la mañana fuimos a ver el lugar que rodeaba el cortijo donde estuvimos. Fuimos por un sendero que se revolvía sobre sí mismo antes de comenzar a subir. Un gato, al que inúltilmente intenté fotografiar, apareció tras la alambrada de una casilla. El camino ascendía en la misma proporción que mi congestión alérgica. El camino ascendía sobre el contorno de un pico de afloramientos rocosos que lo limitaban en su lado izquierdo.

Al final de ascenso, se aparecía un pequeño llano. En el lado izquierdo, desaparecía la abrupta pared, para dar paso a un pasto tras otra alambrada. Se trata de una enorme finca, que según informes de los lugareños, pertenece a una familia de americanos “enterrados en billetes”. Al fondo, se dejaban ver los tejados de todo un complejo, semioculto por el bosque mediterráneo, de caballerizas, casas, casa del guarda, etc. Parece ser que son como senadores romanos, tienen villas en varias partes del mundo, como Rodesia. Bueno, no todo el mundo sabe donde está Rodesia: está en Sudáfrica. Pero, vamos que ese nombre me suena igual que si me pusiera a hablar de Prusia o autogiro. Más al fondo a lo lejos aparece Puerto Lope, paso obligado en la carretera de Córdoba. A la derecha, aparece una pequeña casa de campo, donde se encuentra un hombre torrándose la espalda al sol, mientras prepara la mezcla para inciar algún tipo de obra.

Al fondo, se ve la extensa vega del Genil. Íllora queda oculta en una hondonada desde esta perspectiva. En primer plano, aparece Sierra Elvira y en segundo Sierra Nevada, a los pies de la cual se puede contemplar esa enorme conurbación que forma Granada con los pueblos que la rodean.
La senda volvía a ascender brevemente para mostrar otro pequeño llano con olivos jóvenes a medio camino y un pequeñ pinar mediterráneo que nos alivia del Sol un ratico.

Poco después del pinar, la ruinas de una casa, sólo se mantienen en pie las paredes. Es curioso como las formas constructivas no han cambiado en mucho en siglos. Podemos haber mejorado lo materiales, pero la técnica viene a ser la misma, mortero que sirva para aglomerar otro material más duro, en este caso piedra. Ahí se mantienen todavía, pareciendo que siempre ha pertenecido al paisaje natural o que haya salido de él.
Por fin, empezamos a ver el objetivo del largo paseo. El destino era un saliente rocoso, donde habían colocado un hito de hormigón el Instituto Geográfico Nacional. Debe ser importante, porque un cartel amenaza con graves sanciones al que lo dañe. La verdad, no se como se puede dañar semejante monolito de hormigón.

Desde allí, se puede contemplar todo el valle del riachuelo dominado por el Parapanda, uno de los picos más altos de las Subbéticas, coronado por el repetidor de televisión.

La vuelta por el camino fue igualmente calurosa y congestionante. Llegamos un poco tarde a comer, pero mereció la pena el paseo. Mientras, una charla sobre lo que haremos o dejaremos de hacer este verano y promesas de futuros encuentros lúdicos.

Por otra parte, de vez en cuando, también hay que realizar cosas menos lúdicas y más lucrativas. así que un lunes por la mañana me dirigí con el coche cargado de cobre a un desguace de Granada. El cobre actualmente es casi como un metal precioso. Lo interesante, más que la venta del metal, es la fauna que se puede observar en este tipo de ecosistemas. En el desguace estaban metidos la mitad de los gitanos y rumanos del Almanjayar. Traían coches repletos de chatarra y algunas mujeres rumanas sacos a sus espaldas. Llegué a la conclusión de que eran clientes habituales, cuando observé que los susodichos plantaban sus seats marbellas antediluvianos sin descargar en las básculas, destaraban sin necesidad de descargar la chatarra en el peso, lo que quiere decir que habían ido más de una vez; o, incluso, que desayunaban con los trabajadores del desguace.

No creo que necesite mayor explicación lo que pasó cuando descargué del coche el cajetón lleno de cobre. La mayoría de los calés se arremolinaron alrededor de ella, mientras uno afirmaba “aaaaahí hay dineeeeros”. Si hubiera tenido una vara a mano… ¡quita! Vas tu a tocar, no toques, chuuuso. Sus ojos eran de envidia recarcomida con algo de espumilla en las comisuras.

Ua pesar de todo no aspiro como ellos a vivir de la chatarra, sólo a librarme de la que ya tenía. Así que de vez en cuando y aunque sólo sea temporalmente ues hay que trbajar. Por ejemplo, un domingo cercano eché un día en el Carrefour, como dice la arcana sabiduría viejuna, el peor duro es el que no se gana.

El trabajo resultó ser un inventario que realiza el Carrefour cada dos o tres meses. Contratan a mucha gente por un día para realizar un inventario general. Cuento esta experiencia por que tiene al menos un par de anécdotas interesantes.

Una de ellas es mi desconocimiento de la existencia de “cursillos de formación” ad hoc para estos fines. Mmmm… Llamarlo cursillo de formación es demasiado. Los daba el mismo encargado de la ETT. Se resumen en que el día que fuimos a firmar el contrato, también firmamos un pequeño boletillo asegurando haber pasado el “cursillo”. Lo de las comillas no es por gusto. No creo que se pueda llamar cursillo a una explicación de 5 minutos, aunque la alargues 20 con Power Point incluido. Que el invetario se hace de izquierda a derecha y de arriba a abajo y como se debe de colocar la etiqueta con el recuento total de los productos, no es que sea ridículo, sino que cuando vi al dandy de la ETT, engominado hacia el lado con su camisa de 100 l’euros y un Power Point para explicarlo, me sentí en Barrio Sésamo: arriba-abajo, izquierde-derecha, delante-detrás… Mientras, algunas nenas de instituto granadino se musitan que sus exámenes de 15 folios son muy difíles y que guays que tienen las uñas de colores chillones; otro tutea al “profe”, parece ser asiduo cliente de “cursillos” tan profundos.

Mientras escribo esta entrada, un “movimiento” muy azul está dando por culo en la plaza de al lado de mi piso dando un recital de la Constitución y con el lema “estas son nuestras armas” y “esto es el principio”, ¿por qué no van a dar por culo a sus madres?

Llegó el domingo y una plétora de individuos nos reunimos en la puerta principal de Carrefour de Armilla. Entramos, nos reunimos y nos explican a que pasillo iba cada uno y entonces es cuando me sentí mas humillado, no por el trababjo, todos los trabajos son buenos y más ahora, sino porque el encargado volvió a explicarnos la lección de Barrio Sésamo. Me pensé ¿y si le digo que el “cursillo” ya nos lo dieron? Pero, a riesgo de ser el jilipollas de turno, me callé. …Se acerca otro encargado y le dice: “tío que esta gente ya ha recibido el “cursillo” – Ah, bueno pues empecemos”. Mmmmm… ¿tendré que pedirle el certificado del “cursillo”? Pues, no es mala idea a los mejor eso si me puntua, ya que, según la ley, cinco años y una licenciatura sirven para limpiarse el culo. Bueno me desvío.

Empezamos a contar, como se nos enseñó en el “cursillo” de izquierda a derecha y de arriba a abajo. Tengo que pedirles a esta gente la bibliografía del temario. Todo va bien, bueno, mis manos empiezan a parecerse a las de un carbonero. Qué raro, sino estoy sacando carbón. Es verdad, no era carbón. Los tetrabriks, botes y demás tinglado que están en esos estantes de lo alto, sí esos que todos nos preguntamos que para que son, que estan demasiados altos para llegar a ellos. Aquel día lo descubrí, sólo sirven de escaparate, si no, no se puede explicar el polvo… no, la palabra correcta es roña que tenían encima. Roña: es como el polvo pero a diferencia de este no se limpia fácilmente, sino que se queda fijado como una capa oscura y grasienta, de manera que sólo con espatula puedes empezar ha vislumbrar el fondo.

Junto a la mierde adherida a los productos me topo con una caja de zapatos. ¿Qué coño hace una caja de zapatos en el estante de las sopas?, pues eso me gustaría saber a mí Una caja de zapatos con un par de botas nuevas dentro. Empecé a temer por mi vida ¿y si lo próximo es un presvativo usado o peor me clavo una jeringuilla?.

Roña aparte, lo interesante del recuento es descubrir cuantas mierdas existen que no has probado ni probarás. En mi caso, ese día descubrí lo amplio y apasionante del munco de las sopas y los caldos, tanto de bote como de sobre. Sopa de verduras, de esparragos, de jamón ibérico, de pollo, de pollo con otra pollada, de mierdas variadas, etc. Aunque lo que más me acojonó fue darme cuenta que Bertín Osborne me miraba sonriéndome desde un tetrabrik de sopa de pollo: La Caldos de Bertín, o algo así.

Bueno voy acabando y un muchacho se dirige a mí. Me pregunta que cómo lo llevo y eso. Así, a bote pronto, me parecía estudiante universitario sin expecificar, luego me entero que estudia relaciones laborales. El muchacho me comentá que “es que es muy duro estar aquí contando”, no haré comentarios, se describe él solo.

Acaba la jornada, nos llaman nos apuntan las horas y nos dan las gracias. Bueno y un bocadillo también, en mi caso de atún con tomate.

Así que por una cosa o la otra, no hay que parar, que ya se sabe que el ocio es la madre de todos los vicios, el problema es que me gustan más los vicios.

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