Archivo mensual: marzo 2011

De los enarcas a los er(e)arcas

El tema de la designación de cargos del Estado dedocráticamente está extendido por todos lados. No es exclusivo, por supuesto, de las tierras peninsulares, sino que también es normal encontrarlos más allá de los Pirineos.
Tampoco es una característica de algún tipo concreto de Estado. Francia, aun siendo el Estado centralizado por excelencia, también sufre esta enfermedad. Pero, existe una diferencia, por lo menos a partir de la esfera del medio y alto funcionariado. No niego la existencia en esos países de su propia sevillana de electricidad a la hora de designación de cargos y repartos de favores. En Francia, suele designarse a los altos funcionarios y en general a los jerifaltes del aparato estatal como enarques (enarcas). Desconozco si es despectivo o no, pero es una palabreja que solo existe y tiene sentido en Francia.

Esta palabra hace referencia a la ENA (Ecole National de l’Administration). Se trata de unos estudios postuniversitarios donde se prepara y profesionalizan la gente destinada a formar parte de la alta admnistración del Estado. La mayor parte de la casta política francesa ha cursado la ENA, de ahí la denominación de enarcas. Desde la fundación de la V República, en 1.958, sólo dos presidentes de la misma no pertenecieron a la ENA. Uno fue Charles de Gaulle y, el otro, el actual, Sarkozy. Es una de las causas por las que, al parecer, Sarkozy y su gobierno no están bien visto por gente digamos de sus propias tendencias políticas. Es de la misma especie, pero, digamos, no es un hermano de manada.

Así, tenemos cómo en Francia, una institución que al principio se creó para abastecer de profesionales el alto funcionariado, ha terminado por crear una especie de casta o estamento, que afecta a los partidos de todos los signos políticos.
Es decir, no se si los altos cargos de Francia son por oposición o por dedocracia, pero lo que está claro es que no puedes ejercerlos, sino has pertenecido a la ENA. Aquí, en España, tenemos también una casta política, en general es un mal que afecta a todas las democracias, pero es que encima, lo que podriamos denominar altos cargos de la administración, no están si quiera profesionalizados, al menos eso.

El caso adquiere tintes de tragedia en Andalucía, donde te puedes encontrar, por ejemplo, a un enfermero constestando las reclamaciones de los pacientes (por su paciencia) del SAS y me pregunto yo ¿qué conocimientos jurídicos tiene ese hombre?, aparte claro está de pertenecer a la nomenclatura del Estado (entiéndaseme Estado como Junta). Así, podemos encadenar hasta los cargos electos, que muchas veces ni siquiera han acabado la antigua EGB. Junto al vicio de crear una casta política, nosotros lo agravamos con la demagogia de que todo el mundo tiene “derecho a”. No señor, la gente no tiene “derecho a” sino a demostrar que lo merece.

Claro, estos nuevos ricos, cateticos de campo, entendieron que el socialismo era hacer o comportarse igual que los antiguos señoritos, pero esta vez era su turno. Los señoritos repartían favores para que la gente, en el fondo, se sintiera dependiente de ellos. ¿Qué es si no la empresa pública o la ampliación de la administración sin el más mínimo criterio de racionalización? Además, para más inri de comparación, repiten comportamientos. En muchos pueblos, y en alguno concreto que conozco, reproducen el comportamiento de los señoritos en los cafés: café, copa y puro. Y, si puede ser, la corte clientelar de aduladores, que alaba todos los bienes que ha traído al pueblo y lo bien que se siente pasando las vacaciones en el mismo.

De esta manera, se creen, como los señoritos, los auténticos y, peor aún, legítimos dueños del poder. “El Estado soy yo”. Como el Estado soy yo, pues nada hago lo que me sale de los cojones, porque para eso soy el rey del mambo. Y, todo lo que hago, es legítimo. ¡Cómo!, me denuncia por tener una jubilación digna de alguien que ha estado trabajando para el pueblo, ¡Qué digo! para alguien que ha sido el Estado. Sí, es la visión de cortijeo. Esto, caballeros, es un cortijo, aquellos que me laman el culo y acepten mi dominio les recompensare con trabajo en el mismo, pero claro, para poder pagarles, tendré que castigar a los que trabajan por su cuenta como conspiradores del bienestar de los demás (en realidad, quiere decir de su propio bienestar).

Así, visto la mierda que nos está cayendo, es preferible lo menos malo y tener una casta política, al menos preparada, es menos malo que una panda de conservadores de mentalidad campesina, aunque se disfracen llamándose socialistas. Vamos que es preferible un enarca a un erarca, de los que tenemos aquí y que se asignan la jubilación que les viene a bien, sí esa gente que trabaja toda su vida en una mina, eso si, un mina trascendental, al menos en el mundo de la ideas.

“Lo mismo que cualquier antiguo romano, el más insignificante “patrón” mafioso acaricia propósitos elevados sobre su dedicación a la causa común y entiende que la relación que mantiene con cada uno de sus protegidos es personal y de confianza. Un noble romano, y hasta un simple notable, se parecía más a un “padrino” que a un enarca; enriquecerse gracias al servicio público no ha impedido nunca proponerse el servicio público como ideal: lo contrario sí que sería sorprendente.” (Paul Veyne, Historia de la vida privada: Roma)

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