De bárbaros, germanos y (visi)godos (I)

Normalmente, la primera imagen que viene a la mente de la gente, cuando escucha

El héore creado por Robert E. Howard

la palabra bárbaro, es la de Arnold Scwarzzeneger en taparrabos, mientras extrae vísceras, cercena miembros, muestra cabezas decapitadas y manda al infierno a Krom. En este sentido, no deja de ser curioso que alguna vez, hablando de germanos y, últimemente de visigodos, aparezcan representaciones de este tipo. Y no deja de ser curioso en el sentido de que no me imagino a un germano de gimansio esculpido, andando en taparrabos, mientras se le amoratan los h… por el riguroso invierno del Norte de Europa. Más bien, semejante personaje se parecería más al energúmeno barbudo y vociferante del comienzo de la película Gladiator. Por éste y otros motivos, me he animado a contar un poco de lo que realmente fueron los llamados bárbaros y, concretamente los germanos (y godos), independientemente de la imagen de un personaje y de una película a los que tengo especial cariño.

La palabra bárbaro en su origen tiene poco que ver con la imagen que el mencionado héroe ha extendido. Viene del griego de donde pasó al latín como barbarus. En griego significó “tartamudo”, “que habla con dificultad”, es decir, que no se le entiende ni papa y hace ba-ba-ba como los niños pequeños. Sin embargo, luego adquirió el sentido de extranjero, sobreentendido “el que habla una lengua ininteligible”. En Grecia, el calificativo de bárbaro se aplicaba a todos los pueblos que no fueran griegos. En Roma, el calificativo fue adoptado ya en época republicana para designar al que no era de origen latino ni griego, es decir, no tenía la connotación de salvaje o bruto descerebrado que tiene en la actualidad. De hecho, los romanos también llamaban bárbaros a los persas, civilización milenaria más antigua que la griega.

Guerreros Germanos del siglo I

Pero, no nos despistemos, los bárbaros que aquí me interesan son los que quedaron fuera del Imperio Romano, al Este del Rin y al Norte del Danubio. En esta región se desplegó un potaje étnico de dimensiones continetales. ¿Por qué digo esto? Porque la Europa Bárbara no tenía un homogeneidad étnica. Sí es verdad que algunas regiones tenían un carácter cultural diferenciado, pero con el tiempo se iba alterando por el contacto con otros pueblos, formando mezclas, donde era díficil discernir el origen de uno u otro pueblo.

De un lado, la influencia germánica, proveniente con toda seguridad de Escandinavia y Jutlandia. En esta época la llamada Europa bárbara va a estar dominada por estos germanos, por lo menos lingüísticamente. Pero todo el territorio está abierto, gracias a la Gran Llanura Europea, a las influencias de los pueblos de las estepas asiáticas (escitas, sármatas, alanos, etc.). El potaje comienza en el momento en que se constatan pueblos asiáticos que adoptan la lengua germana. Es curioso el dato de cómo, cuando los hunos, pueblo de las estepas, se presenta ya frente al Imperio Romano, sólo se registran nombres germanos. Es decir se había germanizado en su progreso hacia el corazón de Europa. O cómo pueblos germanos que no sabían ni lo que era un caballo, terminan dominando la montura gracias a la influencia de los pueblos de las estepas. Acertadamente, Claudio Azzara lo denomina “La Galaxia Bárbara”, es decir, un potaje donde podemos ver chorizillos, habas, patatas, etc. pero todo mezclado flotando en el caldo europeo. Muchas veces la adjudicación de si son germanos o iranios (de habla irania de Irán) es meramente lingüística, pero que hablen una lengua no quiere decir que su origen no sea otro, aunque también tengo que decir que es muy probable.

Pero, ¿quiénes eran realmente los germanos? Germania era el nombre latino de la región habitada por los germanos. Y, como digo, se definen fundamentalmente por su filiación lingüística al tronco germánico, una de las ramas del indoeuropeo. Actualmente éste se divide en dos el germánico occidental, cuyos representantes más relevantes son el alemán, el neerlandés y el inglés; y el germánico septentrional, también llamado nórdico o escandinavo, constituido por el danés, noruego, sueco e islandés. El nombre de Germania, tierra de los Germani, aparece sobradamente atestiguado en las fuentes latinas, al menos desde Julio César (De Bello Gallico, I, 31), y pudo tener que ver con alguna tribu germánica con la que los romanos tuvieron algún contacto por primera vez. La etimología de esta palabra es muy discutida. Se ha propuesto derivar el nombres de voces germánicas como war- “proteger”, y –man, “hombre”, o hari-, “ejército”, y –man, o ger- “lanza”, y –man, etc. También se ha propuesto el céltico, pues parece que era así como denominaban los celtas a sus vecinos del otro lado del Rin. Así gair- “vecino”, y –maon “pueblo”. En general, todas las ideas son conjeturas y, por lo tanto, posibles víctimas de tertulia de café.

Además, hablar simple y llanamente de germanos, como una nación o país unido, sería un error. Había una infinidad de “tribus” germánicas: queruscos, brúcteros, catos, hermonduros, marcomanos, cuados, burgundios, jutos, cimbrios, teutones, suevos, senones… Así, podría estar el resto del día. Por su parte estaban los de lengua irania como los sármatas y los alanos. Y, para el siglo IV y V d.C., harían su aparición  los turco-mongoles como los hunos y, más tarde, los ávaros.

La Europa Bárbara en los timepos de Tácito

Pero, esto sigue sin contestar a la pregunta: ¿quiénes eran los germanos? Ese colectivo, al menos lingüístico, que dominó la Europa entre el Rin y el Vístula, por un lado, y los Cárpatos y el Báltico, por otro. Enfrente de su territorio, se para la expansión romana. ¿Fueron ellos los que detuvieron a una maquina militar que había tumbado imperios mejor organizados? Y… ¿si fue así? por qué esperaron más de trescientos años para devolverles el golpe en la batalla de Adrianópolis. ¿De verdad, una simple derrota en los bosques de Teutoburgo frenó a los romanos?

Continuará…

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